Mostrando entradas con la etiqueta teatro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta teatro. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de enero de 2011

Aquellos años... (Parte 1 de 3)

Medio adormilada por el calorcito de la manta del sofá empiezo a pensar en cuales han sido los años más felices de mi vida. Rememoró momentos, otras épocas en que no era la que soy ahora. Repasando por mis recuerdos, me doy cuenta que los años más felices de mi vida fueron los de la universidad. Fueron unos años formidables, y de hecho al intentar escoger uno de los cuatro no soy capaz, porque cada uno de ellos fue especial.

Que decir del primer año en psicología: magnífico, apasionante, gratificante... y como estos tres adjetivos podría nombrar muchos más. Fue tan maravilloso que aún conservo esos amigos, esos con los que íbamos a prácticas inexistentes pero marcadas en el horario, en las que acabábamos en el césped riéndonos y contándonos la vida. 

Nunca olvidaré ese primer día de nervios, de tensión, en el que conocí a una de las personas más importantes de mi vida. esa chica con una chupa de cuero, que a pesar de sus pintas me pareció la mejor persona para acercarme a ella, y con una tímida sonrisa le pregunte: "Hola, ¿vas a primero D?", y a partir de ahí empezamos a conectar tanto que ni la distancia nos puede separar. Aquella persona con la que descubrí que no hay bichos raros, sino personas especiales que llenan la vida de los demás.

Como dejar en el olvidó a aquella personita que sabía de mi existencia y yo ni le conocía y que me asustó tanto cuando me dijo: "Ala eso yo no lo sabia de ti". 

O como olvidar esas horas muertas contando chistes sin parar, nuestras charlas en la cafetería, nuestra ratita Sniffy, las frases para recordar, o aquellos dos "personajillos" de los que me sorprendia tanto que uno tuviera el pelo moreno y la barba pelirroja y el otro al contrario,y que fueron tan relevantes ese año.

Pero tampoco puedo arrinconar en la mente esas fiestas en Getafe, donde conocí a una persona alucinante, con la que conecte la primera noche a las mil maravillas, como si nos conociéramos de toda la vida. Con la que compartí miedos, secretos, y deseos...

Y como no aludir a aquellas horas y horas en las que el tiempo volaba mientras hacía una de las cosas que más me gusta en mi vida: el teatro. Imposible olvidar a las personas con las que compartí tantas horas de risas, de ensayos, de nervios, y de locuras como ensayar en el Retiro, actuar en medio de la facultad sin escenario o en los encierros,  o la mayor de todas, actuar en la plaza Mayor horas antes del certamen de la universidad.

Realmente ese primer año de facultad fue inolvidable, y lo fue tanto, que a día de hoy que ya han pasado nada más y nada menos que siete años ,lo sigo recordando como si se tratase de ayer mismo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Teatro

Nervios, tensión, ilusión... millones de sensaciones se agolpan en el corazón, empujándolo y haciendo que cada vez palpite más y más fuerte.

Ha llegado el momento, atrás quedaron los ensayos, formando ya un recuerdo del pasado. Un pasado cercano, tan próximo, que tan sólo unas horas antes, se estaban ajustando los papeles. Pero a la vez lejano, porque ahora es la hora de la verdad.

Tímidamente ha ido entrando el público, hasta llegar a formar un gran barullo, que impacientes escuchamos tras el telón.Y tras su eco nos preguntamos "¿les gustará?,¿se reirán?..."

De repente, las luces se apagan, y por arte de magia se produce un silencio atronador, un silencio extraordinario, un silencio único. Quizá sólo dura unos pocos segundos, pero parece eterno, como si la obra no fuera a comenzar nunca...

Y en esos segundos de oscuridad, entre las bambalinas, sólo se escuchan los veloces latidos de nuestros corazones, y algún que otro "mucha mierda". Esa frase que cuando la escuchas piensas: "todo va a salir bien, ya está hecho"

Y no me preguntéis el porqué, pero al final, es lo que ocurre. Al final, todo ese esfuerzo, se ve recompensando con las risas del público, con alguna que otra carcajada, con los aplausos...

Y es que cuando la obra acaba, te sientes lleno, triunfante, frenético... Es maravilloso,  escuchar ese sonido de la gente que ha venido a disfrutar de lo que haces, de los que hacéis, del maravilloso mundo del teatro.

Es indescriptinle, alucinante, increíble, lo que sientes encima del escenario. Volver a vivir ese no sé que, que hacia tanto que no notabas, que anhelabas como el más preciado tesoro, que deseabas por encima de todo.