Ya no puede ni mirarse al espejo, su cuerpo le produce una angustia que le remueve las entrañas, que le hacen sentirse desdichada. En su cabeza, perturbada por los lípidos, las grasas, las proteínas y las calorías sólo aparecen una y otra vez los fatídicos números de la báscula que luchan contra ella bajando cada día más lentamente, echándole un duelo de vida o muerte.
Pero no, ella no se dejará ganar por un aparato, ella es fuerte, y lo sabe, es consciente de ello. Conseguirá bajar y bajar de peso, hasta que algún día decida que se encuentra bien, porque ella sabe cuando parar, ella es lista, más lista que el hambre, o al menos eso cree.
Conoce todos los trucos para comer lo menos posible, para conseguir esa silueta "maravillosa" que tanto anhela, si supiera que la consiguió y la dejó escapar convirtiéndose en un esqueleto andante: piel, huesos, facciones demacradas escondidas bajo el maquillaje...
Cuando la gente la mira de reojo por la calle siente el peso de las grasas sobre ella, como sus michelines imaginarios rebosan por su estómago, como su "culo" sobresale como un añadido de su cuerpo... pero en realidad lo que observan es una silueta, que como las hojas de otoño deambula por la calles, y a la mínima brisa se la llevará el viento.