Luces, color y sonrisas,
llenan las calles de Palma
entre el jolgorio de los chiquillos.
Chiquillos y no tan pequeños,
porque padres, niños y abuelos,
sonrien y saludan
al inmenso cortejo.
Es una noche de alegria,
Es una noche de alegria,
de ilusión y caramelos,
casi hasta romperlos.
Y cuando el desfile acaba
hay que ir a casa rapidito,
meterse pronto en la cama
para esperar los regalitos.